"Doctor, ¡tienes que ayudarme! Mi mujer ya no está interesada en el sexo. ¿No tienes una pastilla o algo que pueda darle?"
"Mira, no puedo recetar..."
"Doctor, hemos sido amigos durante años. ¿Me has visto alguna vez así de afectado? ¡Estoy desesperado! No puedo pensar; No me puedo concentrar; ¡Mi vida se va totalmente al infierno!. Tienes que ayudarme."
El médico abre el cajón de su mesa y saca un frasco de pastillas.
"En condiciones normales, no haría esto. Son experimentales; Las pruebas hasta ahora indican que son MUY potentes. No le des más de UNA, ¿Entiendes? Solo UNA."
"No sé, doctor, ella está terriblemente fría.."
"Una. No más. En su café. ¿Vale?
"Umm... Vale."
El tipo lo agradece y sale hacia su casa, donde su esposa tiene cena esperando. Cuando la cena acaba, ella va a la cocina a traer el postre.
El hombre saca deprisa las pastillas de su bolsillo y echa una en el café de su esposa Él reflexiona un momento, duda, y entonces echa una segunda pastilla.
Y entonces empieza a preocuparse. El médico dijo que eran potentes. Entonces la inspiración le viene y echa una pastilla en su propio café.
Su esposa vuelve con el pastel y ellos disfrutan su postre y café.
Unos minutos después de terminar, su esposa tiembla un poco, suspira profunda y pesadamente, y adquiere un aspecto extraño.
En casi un susurro y un tono de voz que él nunca la había oído usar antes, ella dice, "Yo ... necesito... un hombre..."
Los ojos de él brillan y sus manos tiemblan, mientras él responde, "Yo...También..."