Había un hombre que viajaba por todo el mundo. En cada ciudad en la que paraba él compraba algo para su madre y se lo enviaba.
En una de esas paradas, encontró un loro que hablaba 30 idiomas diferentes. Él inmediatamente lo compró y lo envió a casa, a su madre.
Unos pocos días después él llama a su madre.
"¿Te gustó el loro?" le preguntó.
"Oh, sí," respondió. "Estaba delicioso"
"¡QUÉ!" gritó el hombre. "¡Te lo has comido! ¡Ese loro no era para que te lo comas! ¡Hablaba treinta idiomas!"
La madre esperó un momento y dijo, "Entonces, ¿Por qué no dijo nada?